
Hablamos de un gran sacerdote pedagogo, creador de la experiencia de Barbiana.
LOS PRINCIPIOS DE BARBIANA
El primer principio se formula en contra del hecho escandaloso y antisocial de que el sistema educativo, tal como está organizado, aprueba a los ricos y suspende a los pobres. La escuela «es un hospital que cura a los sanos y rechaza a los enfermos» (5).
Para el muchacho pobre, todas las horas que pasa fuera de la escuela son horas de empobrecimiento cultural: en casa no hay libros ni discos, sino sólo la última fotonovela o «El Mundo Deportivo»; la madre y la abuela discutiendo siempre; la radio a toda marcha; se comparte la habitación con cuatro hermanos: la única mesa para trabajar es la del comedor; los fines de semana y las vacaciones se pasaran en la calle, en el cine, en las máquinas de marcianos... La escuela oficial, con sus seiscientas horas escasas de clase al año no puede estar al servicio de los pobres. Sólo una escuela de jornada completa, que llene las tardes, los domingos, el verano... puede igualar realmente al pobre y al rico.
