Cuanta más información, más ininteligible es la realidad. Para todos. Tantos mensajes conscientes y subliminales, en todo momento, hasta durmiendo... tantos, que ya no sabemos distinguir lo importante de lo banal, los hechos de las opiniones, el sufrimiento real del victimismo interesado, lo cierto de lo simulado, la verdad de la mentira.
¿Qué podemos hacer ante esta riada de información? En seguida se nos viene a la cabeza el recurso universal de la educación, palabra muy gastada en discursos interesados. ¿Qué educación?
domingo, 2 de enero de 2011
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